Imagínate esto: estás en una sala de cine, con palomitas en la mano, esperando que la magia comience. Las luces se apagan, la pantalla brilla y, antes de que cualquier personaje diga una palabra, ya sabes quién es el héroe, quién es el villano y quién probablemente muera en los primeros 20 minutos. ¿Cómo? Por su ropa. Porque el cine y la moda no solo son aliados, son almas gemelas, inseparables, un dúo tan icónico como Scorsese y DiCaprio o Karl Lagerfeld y su gato Choupette.
Desde siempre, la gran pantalla ha sido el escaparate de tendencias que luego aterrizan en nuestro clóset. Matrix nos hizo pensar que las gafas diminutas y las gabardinas de cuero eran una buena idea, aunque el 90 % de nosotros no teníamos razones legítimas para vestirnos como hackers interdimensionales. Drive nos convenció de que una chaqueta satinada con un escorpión bordado era la metáfora de la masculinidad misteriosa (aunque en la vida real, parecerías el anfitrión de una fiesta de disfraces temática de los 80). Y ni hablemos de El Diablo Viste a la Moda, donde cada aparición de Miranda Priestly es básicamente un tutorial sobre cómo vestirse para dominar el mundo.
Pero no todo es moda aspiracional. Hay momentos en los que Hollywood nos ha vendido tendencias dudosas. Admitámoslo: todos en algún momento llegamos a sentir la fiebre de los pantalones cargo después de Tomb Raider, aunque ninguno de nosotros tenía la necesidad real de guardar tantas herramientas de exploración.
Luego tenemos esos momentos en los que el cine no solo dicta la moda, sino que la redefine. Caso en cuestión: Black Panther. No fue solo una película; fue una revolución de la moda africana. Ruth E. Carter, la diseñadora de vestuario, fusionó elementos tradicionales con una visión futurista, y de repente, los estampados tribales, las capas y los cuellos estructurados estaban en las pasarelas de todo el mundo.
Y hablando de cine con impacto visual, Duna nos mostró que las túnicas de lino y los colores neutros podían ser el significado de la elegancia. ¿Quién iba a pensar que la estética de un planeta desértico nos haría reconsiderar nuestro armario? Entre Zendaya flotando en la arena y Timothée Chalamet con su aire de príncipe atormentado, Duna hizo que vestirnos como habitantes de un futuro postapocalíptico de repente pareciera una opción viable.
Pero nada, nada, ha influenciado más la moda reciente que Barbie. En 2023, Greta Gerwig nos metió en un torbellino rosa del que todavía no salimos. De repente, TODO era fucsia: ropa, accesorios, coches, ¡hasta los hombres empezaron a usar más rosa y sentirse fabulosos al respecto! Valentino, Balmain y Zara lanzaron colecciones inspiradas en Barbie, y Margot Robbie básicamente fue convertida en una muñeca viviente en cada premiere. Si viste Barbie y no sentiste ganas de comprarte algo rosa, probablemente no tienes alma.
Por supuesto, tenemos que mencionar a la gran Breakfast at Tiffany’s. Audrey Hepburn en su vestido negro de Givenchy, con su collar de perlas y sus lentes de sol, es la razón más comercial por la que el «little black dress» es un básico de armario. ¿Cuántas personas han recreado ese look? Desde fashionistas hasta chicas que solo querían un disfraz de Halloween elegante.
Y si el cine y la moda son amantes apasionados, el cine iberoamericano es ese romance ardiente que deja huella. Aquí, el vestuario no es un simple complemento, es identidad, historia y un manifiesto visual. Desde la falda de volantes de Frida (2002), que convirtió a Salma Hayek en una obra de arte viviente, hasta los impecables uniformes de Roma (2018), donde la ropa de Cleo nos habla de jerarquías sociales y emociones contenidas.
Pero el cine iberoamericano no solo viste a sus personajes, también inspira tendencias globales. Coco (2017) y James Bond 007 llevaron el Día de Muertos a la pasarela con bordados, colores vibrantes y detalles artesanales que grandes marcas reinterpretaron. Dolor y gloria (2019) de Almodóvar nos recordó la elegancia del minimalismo bien llevado con Antonio Banderas en suéteres sobrios pero cargados de nostalgia. La mala educación (2004) nos dio un Gael García Bernal en vestido de lentejuelas que sigue siendo referencia en editoriales de moda y desfiles.
Y si hablamos de looks icónicos, Emilia Pérez (2024) llegó con su combinación de exceso y sofisticación para recordarnos que la estética latina tiene una fuerza imparable en la moda contemporánea. Lo mismo ocurrió con la ya referenciada Black Panther: Wakanda Forever (2022), que, con la participación de Tenoch Huerta y la inspiración en la cultura mesoamericana, puso a México en la conversación global del diseño de vestuario.
Porque en nuestro cine, latinoamericano los looks no solo complementan la historia, la narran con la misma intensidad con la que vivimos. Y si creías que el drama solo estaba en el guion, mírate otra vez La Llorona (2019), donde hasta las batas fantasmales tienen un aire de solemnidad impecable.
Así que la próxima vez que veas una película, presta atención a los outfits. Porque en la gran pantalla, como en la vida y en otras dimensiones, el estilo lo es todo. Y si alguna vez dudas sobre qué ponerte, pregúntate: ¿qué haría un personaje de cine? Pero ten presente también la siguiente sentencia de película que usó Nitya Prakash en una de sus charlas: ‘Every time you get dressed remember: if you die, thats your gosth outfit forever’ – “Cada vez que te vistas recuerda que, si mueres, ese será tu traje de fantasma para siempre” – así que !piénsalo bien!
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